Dear Parishioners,

Ministry Recruitment and God’s Will for Us

The early church was a persecuted, underground religious and social movement. They believed in the equality of all humans, bathed in God’s love, poured out by Jesus’ ultimate sacrifice. They believed Jesus would return immediately, so they could be fearless in their practice of the nascent faith. Our church did not yet ordain bishops, priests, deacons or anyone else. Each of the faithful had a role to play, a job to do. Someone brought bread to their secret gatherings; someone brought wine; the meal that followed was either a potluck or the host family provided a meal. Saint Paul scolded some communities who had developed separate gatherings for rich and poor. The rich had a sumptuous banquet while the poor only had the Precious Blood and the Blessed Sacrament. Paul told them to be sure that all were fed so that they all came to the Table as equals. Everyone helped clean up. Everyone participated in the prayers of Eucharist. Everyone sang. No job was left undone and no one was left without a job.

The Second Vatican Council (Vatican II) called for us to return to this egalitarian church where all serve according to their own gifts. We are celebrating our own version of this call. You all responded generously to our call to ministry. We had a lovely potluck and now all we are lacking is to train everyone. We are continuing training all this month and will commission our new ministers on the First Sunday of Advent.

It’s not too late! If you feel the call to ministry, we have ways to serve as simple as greeting at the door or dismissing with the children for Children’s Church in the chapel. Please take an interest form from the bulletin boards at the doors or call me at 408.847.5151 or email at dbarry@dsj.org. All are welcome; all have gifts to share.

May God bless you in your efforts to live the promises and demands of Christ, day in and day out.

Peace,                        Rose Barry

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Estimados feligreses,

El reclutamiento de ministros y la voluntad de Dios para nosotros

La iglesia primitiva fue un movimiento social y religioso perseguido y clandestino. Creían en la igualdad de todos los seres humanos, bañados por el amor de Dios, derramado por el sacrificio final de Jesús. Creían que Jesús volvería en cualquier momento, por lo que podrían practicar su fe con valentía. La iglesia aún no ordenaba obispos, sacerdotes, diáconos ni tenía líderes formales. Cada uno de los fieles tenía un papel que desempeñar, un trabajo que hacer. Alguien traía pan a sus reuniones secretas; alguien traía vino; La comida que seguía era una comida en la que cada quien traía algo o la familia anfitriona proveía la comida. San Pablo regañó a algunas comunidades que habían desarrollado reuniones separadas para ricos y pobres. Los ricos tenían un banquete suntuoso, mientras que los pobres solo tenían la Preciosísima Sangre y el Santísimo Sacramento. Pablo les dijo que se aseguraran de que todos fueran alimentados para que todos fueran a la mesa como iguales. Todos ayudaban a limpiar. Todos participaban en las oraciones en la eucaristía. Todos cantaban. Ningún trabajo se dejaba sin hacer y nadie se quedaba sin un trabajo.

El Concilio Vaticano II nos pidió que regresáramos a esa iglesia igualitaria donde todos sirven de acuerdo con sus propios dones. Estamos celebrando nuestra propia versión de esta convocatoria. Muchos de ustedes respondieron generosamente a nuestro llamado al ministerio. Tuvimos una comida encantadora y ahora lo único que nos falta es entrenar a todos. Continuaremos entrenando todo este mes e instalaremos a nuestros nuevos ministros el primer domingo de Adviento.

¡No es demasiado tarde! Si siente el llamado al ministerio, tenemos muchas maneras de servir, incluso maneras sencillas como saludar a la puerta o ayudar con la Liturgia de los Niños en la capilla. Por favor, tome una solicitud de los tableros de anuncios en las puertas o llámeme al 408.847.5151 o envíeme un correo electrónico a dbarry@dsj.org. Todos son bienvenidos; Todos tienen dones para compartir.

Que Dios los bendiga en sus esfuerzos por vivir las promesas y exigencias de Cristo, día tras día.

Paz,                        Rose Barry